Después del vacío.
Hubo un tiempo en el que de verdad creí que mi vida no iba a ser nada. A día de hoy me siento feliz, porque me di cuenta de que fue un error.
En ese momento lo creía de verdad. Intentaba imaginar mi futuro, pero no había nada ahí, solo una oscuridad que me partía el alma, como si fuera alguien que nació para el olvido, destinada a ver la vida como una simple espectadora. Y mientras los demás cumplían sus sueños, yo les aplaudía sin más.
Recuerdo que me sentía inútil, reemplazable, fácil de olvidar. Algo que no valía la pena en absoluto. Lo malo no fue solo pensarlo, sino también aprenderlo de otras bocas que no eran la mía.
Hubo días en los que ni siquiera sabía cómo encajar en mi propia vida, como si nada fuera realmente mío. Este mundo jamás me perteneció, jamás fue mi hogar, o al menos eso sentía entonces. Me acostumbré a hacerme pequeña, a no molestar, a ocupar menos espacio del que realmente merecía. Era solo un extra más en mi propia vida.
Y aun así seguí; con los pies ensangrentados y doloridos, queriendo parar, preguntándome para qué servía seguir avanzando en un mundo donde era simplemente invisible.
Pero en algún momento del camino, algo cambió. No sé el qué, no sé el cómo; quizá era porque sí deseaba ser alguien, o no sé, pero poco a poco me levanté del barro, del vacío, e insistí en seguir adelante. Seguí cuando no tenía nada que ofrecer, seguí incluso cuando me odié.
Hoy me miro y no puedo entender del todo cómo es que llegué acá. Cómo es que de tanto odio llegué a amarme de la manera en que lo hago y todo lo que he logrado con tan solo 25 años. ¿Cómo es que sueños imaginarios lograron hacerse realidad?
Estoy acá, construyendo cosas magníficas. Sintiéndome parte de algo por fin, teniendo un hogar bonito, un auto que parece una ratita (una muy bonita) y haciendo algo que me gusta.
Estoy viviendo una vida que antes me parecía imposible. Y sí, estoy cansada, pero ahora entiendo esa frase de que todo esfuerzo al final vale la pena, y en eso estoy actualmente: sabiendo que el cansancio valió toda la pena. Porque no es un cansancio como el que sentía antes, ese que venía de la mano con la sensación de no poder avanzar, de estar estancada, atrapada. Este es un cansancio diferente, uno que viene cargado de cosas que significan mucho, de logros y de intentos que a veces salen bien. Este sí es un cansancio que vale la pena sentir.
Este nuevo año entendí algo que me cambió la forma de pensar: la vida no se equilibra para mal cuando todo viene bien. No hay una fuerza invisible esperando compensar tu felicidad con dolor. Era miedo disfrazado de lógica. Era una forma de no ilusionarme demasiado para no sufrir si algo salía mal. Ahora sé que eso depende únicamente de vos misma; no existe una fuerza invisible y tampoco la vida quiere ser malvada con vos para equilibrar nada. Creía que porque el 2025 fue maravilloso, este sería un desastre. Fue completamente ridículo pensar eso, porque solo me sacarán la felicidad si yo dejo que lo hagan.
La vida se construye y uno elige cómo hacerlo. Yo comencé a construirla a mi manera. Quizá me vaya mal, o quizá me vaya genial, pero eso solo se sabrá con el tiempo y con las ganas que le ponga.
Pero no estuve sola, jamás. Nadie puede hacer todo completamente solo, y les doy las gracias a todos los que estuvieron y a los que aún están. Pero sí fue desde una decisión que yo misma tomé, desde un “aunque duela, voy igual”.
A veces, como hoy, pienso en esa chica que fui. Sé exactamente lo que le dolía y cuánto se desgarraba en el intento por sonreír. Sé lo que pensaba cuando se miraba al espejo, queriendo pegarle al reflejo, y sé lo fácil que era para ella romperse en mil pedazos fingiendo que todo estaba bien. Pero también sé lo valiente que fue, increíblemente valiente, más de lo que ella misma podía entender. Porque hay que tener mucho valor para seguir cuando no te querés, cuando no creés en vos misma ni confiás en poder lograr nada. Eso es tener fuerza, una que no se ve, pero que sostiene cada cimiento que, por muy inestable que sea, sigue de pie.
Hoy esa niña ya no está sola. No desapareció, no la dejé atrás, pero ya no necesita luchar, porque ya no está en un mundo que le dice que no pertenece. Ahora puede descansar tranquila, porque ahora sí tiene un lugar en la vida, y en ese lugar es donde nací yo, quien jamás dejará que nadie la vuelva a lastimar. Porque después de todo lo que construimos, no hay nadie que tenga el derecho de destruirlo. Y si alguien intenta romperla, ya no encontrará a esa chica: encontrará a esta mujer que no tiene miedo de luchar con uñas y dientes. Porque si algo me define, es resistir y seguir.
Ahora sé lo que merezco, sé lo que quiero y a dónde pertenezco. Y no permitiré que nadie me lo arrebate.
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