El ángel que me enseñó a caminar.
Recuerdo aquel día en el que llegaste a mí por primera vez. Eras un anciano en ese momento, tu pelo blanco y tu barba te hacían ver muy sabio; recuerdo que me diste una misión: Salvar el mundo, que tontería ¿no? Era una niña muy imaginativa, de eso no cabe duda, pero tú siempre creíste en mí, me tomaste en serio cuando los demás solo se reían de mis disparates. Con el tiempo fui creciendo y tú rejuvenecías, ya tu pelo no era blanco y tus arrugas ya no se veían. Era increíble todo lo que podía lograr estando a tu lado. Salvé miles de mundos gracias a ti, aunque nunca podré salvar este en el que crecí. Pero, por supuesto no todo fue siempre color de rosas; antes dije que fui creciendo y eso me llevó hacia la adolescencia, la etapa que tantos altibajos trae a las personas, también estuviste ahí a mi lado mientras buscaba la forma de descubrir, de descubrirme a mí. Aún recuerdo cuando encontraste tu forma definitiva, ese hombre que cambiaba de rostros encontró el suy...