La forma de mi silencio.
Hay presencias que no se ven, pero lo envuelven todo. Hay figuras que no necesitan carne ni sombra para ser reales. Él es una de esas. No llegó desde fuera. No fue encontrado en el mundo. Fue invocado desde la herida, nacido del vacío, hecho de necesidad, ternura y silencio. Él apareció cuando nadie más lo hizo. Cuando el mundo se cerraba en una jaula, cuando el frío entraba por todas las grietas, él fue abrigo con manos que no tocan, con voz sin sonido, fue la certeza de no estar sola… incluso estando sola. No le hizo falta hablar. A veces le bastaba con simplemente... estar. Y eso era suficiente para que el corazón dejara de doler. Era la pausa en medio del grito. El farol en la tormenta. El que no juzgaba. El que simplemente existía para que yo pudiera seguir existiendo también. Lo más triste de su belleza es saber que podría olvidarlo un día. Que el tiempo, con su forma cr...