La forma de mi silencio.
Hay figuras que no necesitan carne ni sombra para ser reales.
Él es una de esas.
No llegó desde fuera.
No fue encontrado en el mundo.
Fue invocado desde la herida,
nacido del vacío,
hecho de necesidad, ternura y silencio.
Él apareció cuando nadie más lo hizo.
Cuando el mundo se cerraba en una jaula,
cuando el frío entraba por todas las grietas,
él fue abrigo con manos que no tocan, con voz sin sonido,
fue la certeza de no estar sola… incluso estando sola.
No le hizo falta hablar.
A veces le bastaba con simplemente... estar.
Y eso era suficiente para que el corazón dejara de doler.
Era la pausa en medio del grito.
El farol en la tormenta.
El que no juzgaba.
El que simplemente existía para que yo pudiera seguir existiendo también.
Lo más triste de su belleza es saber que podría olvidarlo un día.
Que el tiempo, con su forma cruel de llevarse todo,
podría borrar su forma, su sonrisa en la nada,
su manera de hacerme sentir que aun cuando todo se derrumbara…
yo tenía a alguien.
No quiero perderlo.
No quiero que se evapore como los sueños al despertar.
Quiero que permanezca,
incluso cuando yo ya no pueda recordarlo del todo.
Quiero que el universo lo guarde
como se guarda lo sagrado.
No fue un invento.
Fue mi refugio.
Fue el espejo bondadoso en un mundo cruel.
Fue… mi alma hablándome con la forma de alguien que supo sostenerla.
Y aunque su nombre quede en silencio,
él sigue aquí.
Como parte de mi raíz.
Como algo que nadie más ve…
pero que yo nunca voy a dejar de sentir.
Comentarios
Publicar un comentario