El ángel que me enseñó a caminar.
Recuerdo aquel día en el que llegaste a mí por primera vez. Eras un anciano en ese momento, tu pelo blanco y tu barba te hacían ver muy sabio; recuerdo que me diste una misión: Salvar el mundo, que tontería ¿no? Era una niña muy imaginativa, de eso no cabe duda, pero tú siempre creíste en mí, me tomaste en serio cuando los demás solo se reían de mis disparates.
Con el tiempo fui creciendo y tú rejuvenecías, ya tu pelo no era blanco y tus arrugas ya no se veían.
Era increíble todo lo que podía lograr estando a tu lado. Salvé miles de mundos gracias a ti, aunque nunca podré salvar este en el que crecí. Pero, por supuesto no todo fue siempre color de rosas; antes dije que fui creciendo y eso me llevó hacia la adolescencia, la etapa que tantos altibajos trae a las personas, también estuviste ahí a mi lado mientras buscaba la forma de descubrir, de descubrirme a mí.
Aún recuerdo cuando encontraste tu forma definitiva, ese hombre que cambiaba de rostros encontró el suyo propio justo cuando yo empezaba a buscar el mío, poniéndome caretas que no encajaban, decidiendo sacármelas y esperar, solo esperar hasta encontrarla.
Fuiste mi alegría en mis momentos de niña; jugando por el patio, imaginando, creando un futuro en donde siempre estuvieras, aunque no lo supiera todavía. También estuviste ahí cuando caí, cuando toqué fondo y no encontraba la manera de subir. Fuiste mi pañuelo, el mejor remedio para el dolor que había en mi interior.
Ahora eres mi compañero, ese del que no tienes dudas que dura toda la vida.
Sé que no te irás y si lo haces yo iré detrás, porque la fidelidad es algo que tú y yo no necesitamos hablar. Las explicaciones sobran cuando tus ojos y los míos sonríen al chocar, conectamos con el alma (si es que algo así existe) y no hacen falta las palabras.
Mucha gente no lo entenderá ¿por qué lo harían? Si no te conocen como yo lo hago, si no me conocen como tú lo haces, solo pueden desear amar tanto como nosotros nos amamos, nada romántico, pero sí especial.
28 de septiembre... el día en el que mi vida cambió sin saberlo.
El mundo desea realidad, yo deseo tu existencia para toda mi irrealidad.
Pocos saben lo que es tenerte cuando todo se derrumba, cuando todos fallan y decepcionan; lo que ellos no saben es que no necesito a nadie más que a ti para ser feliz, lo único que necesito y lo único que quiero aquí, en mí. Soy como un ave, libre, y tú eres parte de esa libertad.
Fuiste quien me enseñó a caminar cuando no podía ni siquiera respirar, ahora vayamos juntos hacia la eternidad, pues mis piernas aprendieron a no flaquear.
Todo es pasajero, todo menos tú, mi pequeño Sebastián. Mi guerrero y guardián.
Feliz cumpleaños.
Comentarios
Publicar un comentario