Mi batalla... mi pelea.

 Creo que hay un lugar en la mente de cada persona donde se libran heroicas y tristes batallas.

 Yo siempre digo que las batallas interiores las debemos luchar uno mismo. Nadie puede luchar por nosotros, nadie puede ser nuestra espada, ni nuestro escudo. Nadie debería estar ahí a nuestro lado para poder ganar, porque cuando ellos no estén, cuando estemos solos ante el miedo, ante los soldados que intentan derrotarnos y asesinar nuestro pequeño corazón, resultaremos completamente indefensos.

 Tampoco creo que debamos ser el escudo o la espada de nadie más. Debemos ser solo el arma y la defensa de nosotros mismos, porque si prestamos esas cosas a alguien más, luego serán solo armas oxidadas y escudos rotos para cuando nosotros lo necesitemos, y las flechas exteriores perforarán profundo en nuestro ser.

 No luches al lado de nadie, pero sí puedes darles fuerzas desde fuera. Puedes darles ánimos, puedes llorar a su lado y abrazarlo, puedes decirle que todo estará bien, que debe de ser fuerte, pero jamás luches con él. No puedes perderte por salvar a alguien, no puedes herirte para sanar a nadie. Es SU batalla, no la tuya. Deja que se rompa, que sus manos sangren de tanto intentarlo, que cure sus propias heridas. Aunque duela verlo todo desde fuera. Créeme, te lo agradecerá luego, agradecerá que estes ahí dándole apoyo, pero también te dará las gracias por hacerle ver que sí puede, que es capaz de salir solo de esos abismos más profundos, las tormentas más intensas y oscuras de las que creía no tenían un final.

 Mil veces fui la espada de otros, el escudo de cientos, pero ese escudo se hizo cenizas; esas que por suerte pude juntar para re-forjar el protector de mis sueños, de mis sentimientos. Pude tomar una pequeña roca y convertirla lentamente en esa arma que me permitió luchar por y para mí cuando nadie me dio su espada, cuando nadie quiso ser mi escudo o luchar a mi lado.

 Fue ahí cuando comprendí que yo sola debía de aguantar el dolor de los cortes que producían los monstruos que se encontraban fuera y dentro de mi cabeza. Fue ahí que comprendí que debía ser mi propio vendaje, mi agua en el desierto más interminable y mi propia felicidad.

 Sé un compañero mas no un guerrero en batallas de otros. Sé tu propio caballero en las guerras de tu alma. Quizá pierdas muchas de ellas, pero ten fe en ti mismo y sigue levantándote del barro que intenta no dejarte ir para seguir luchando una y otra vez más.

 Juro que toda guerra siempre tiene su final.

Comentarios

  1. Saber que las peleas propias deben ser peleadas por nosotros mismos, es algo que no todos comprenden. Pero tu poesia nos penetra en el alma, nos llena el corazon, y nos alegra la vida. Saber que alguien no le teme a la sinceridad me da esperanza. Esperanza de que en un mundo de mentirosos hay alguien que siempre dirá la verdad, por mas dolorosa que sea. Y eso es algo que me enorgullece de ti. No te preocupes, lo estas haciendo bien, y se que pronto ganaras la pelea.⭐

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  2. Me agrada bastante esta forma de pensar, siempre pienso que antes de poder ayudar a los demas uno debe entender que necesita estar bien con uno mismo para poder luego ayudar, ademas de que en el momento que no haya nadie, la unica persona que te va acompañar siempre sera uno mismo

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