La jaula que me encerró.

 Me siento ahogada en este lugar sin salida. Uno que te carcome las entrañas, te aplasta, te deja sin habla.

 Es complicado vivir en un lugar donde no hay más que un vacío inminente, uno del que jamás podrás salir, aunque se invente la magia y te salgan alas.

 Solo puedes imaginar que estas en un lugar mejor, en una situación mejor, pero tarde o temprano la realidad se hace presente y rompe en pedazos todos tus sueños y las ganas de seguir sobreviviendo a la monotonía.

 Estoy intentando no dejarme atrapar, pero haga lo que haga este vacío comienza a devorarme cada día un poco más. Siempre he podido, lo he dicho miles de veces: no hay nada que no pueda lograr; pero ¿Y si es imposible? ¿Y si tarde o temprano termino hundida hasta no poder respirar? ¿Hasta no ser yo y solo ser una muñeca muriendo en vez de hacer lo que debería hacer: vivir?

 La garganta me palpita como si mi corazón quisiera escapar y encontrar un cuerpo mejor. Al menos él sí puede pasar por entre los barrotes de esta prisión e irse.

 Este lugar es un montón de escombros a la que la gente se empeña en llamar hogar, pero se equivocan y no lo quieren ver, como otras tantas cosas con las que quieren ser ciegos. 

 Mi niña interior me pide a gritos que la lleve a un lugar donde su imaginación pueda volar libremente, pero mi mujer adulta ignora que estamos en una jaula de la que no podemos escapar y quiere creer que podría ser un sitio peor, que no está tan mal; así son los adultos, desean ignorar todo lo que no pueden o no quieren controlar, mintiéndose a sí mismos diciendo que está bien o que al menos se puede vivir, cuando en realidad no debería ser así.

 Mi adulta desea ignorar, pero siempre puse a mi niña primero, la hice importante y fuerte, así que la noto. Noto cada fibra de su ser, siento como tiembla de dolor y de tristeza por esa mujer que pretende ser un orgullo para todos pero que todavía no puede ser un orgullo para sí misma.

 No me siento bien, no me siento feliz y libre como solía sentirme. Me siento encerrada y ese nunca fue un tema difícil para mí porque siempre supe como escapar; pero ahora, ya no sé cómo hacerlo, ya no sé cómo intentar. No puedo correr, mis piernas están tan cansadas ahora, y mi alma se esfumó.

 Tengo la esperanza de poder con todo, de que mañana sea un día mejor y que mi jaula se abra por arte de magia, pero sé que eso no pasará, pues la magia no es real. No tengo los recursos para huir; lo único que me queda es la imaginación y lentamente, en voz baja, me dice que se está agotando.

 Sin rumbo, sin sueños, sin alegría, pero existiendo. Seguiré hasta el más allá esperando encontrar todo lo que perdí, lo que no tengo, lo que deseo. Intentaré todo para no apagarme, porque de verdad no quiero hacerlo y espero que no lo pueda logar. Este lugar no me va a ganar. Es lo que tengo por desear la libertad: las ganas de luchar.

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