Una niña en la oscuridad.
Escucho una niña llorar, una débil y rota pequeña que se refugia en un rincón del gran abismo; tomándose de las rodillas se lamenta endeblemente para que nadie la escuche; pero yo estoy allí, mirándola, viendo como todo en su interior pide a gritos un refugio, un abrazo o un trozo de cariño. Se siente sola y lo está, se siente vacía y no hay nada que le diga lo contrario. Nadie la abraza, nadie le dice que todo va bien, es invisible, siempre lo fue...
A veces despierta de su letargo de tristeza y parece sonreír, recorre la oscuridad en busca de flores y luz, espera la lluvia con ansias para bailar a su lado; pero la lluvia no aparece y esa sonrisa es casi imperceptible que se esfuma sin complejidad, no crecen flores en un lugar que se encuentra en completa oscuridad. Solo se escucha su refunfuñar o sollozar, sus rodillas cayendo al suelo. No puedo hacer nada para ayudarla, para cuidarla, para decirle que no está completamente sola, y que en cualquier oscuridad se puede obtener luz en el interior de uno mismo.
Solo me queda esperar a su lado, quizás llorar con ella y así algún día podrá entender que, aunque no pueda verme allí consigo, estoy aqui; escuchando su llanto, secando sus lágrimas, diciéndole a la lluvia que llegue por fin y creando flores para que las pueda encontrar y sonreír... de verdad.
Niña, no podemos ayudarte. Pero hemos visto a niños como tú dentro de nosotros mismos. Cada uno tiene un niño, que espera por el momento en que la lluvia caiga, para dejar sus problemas y solo bailar al son del goteo. No podemos ayudarte pero podemos bailar contigo mientras la lluvia cae. No podemos secar tus lagrimas, pero podemos ver como desaparecen y se mesclan con el agua que cae. No podemos pedirte que sonrías si no tienes ganas de hacerlo. Y aunque yo no pueda abrazarte, no necesitas mi abrazo para sentir el calor que tu misma emanas, al bailar y saltar en los charcos que el agua crea. Porque no solo eres niña, también eres una guerrera, una guerrera que surcó miles de batallas, y aunque cayó de rodillas no dejó de levantarse para decirle al mundo: "Mi batalla no termina aquí, mi espada esta entera, y mi escudo seré yo misma". Por eso me enorgulleces niña, porque aunque nadie te ayudó, tampoco necesitaste pedir esa ayuda, y porque tu carácter fue lo suficientemente fuerte para decir: "Yo puedo sola". No todos, tenemos tal carácter, y todos quisiéramos tenerlo.
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